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La ética en cirugía oncológica: Un compromiso de confianza

  • Foto del escritor: Ramón Rodríguez Morales
    Ramón Rodríguez Morales
  • 3 jul 2025
  • 3 Min. de lectura

La palabra ética viene del griego "ethos", que significa carácter. En el mundo de la medicina, especialmente en el quirófano, la ética es nuestra brújula. Define cómo nos comportamos y nos relacionamos: con los pacientes, con nuestros colegas médicos, con el personal sanitario y con cada persona con la que colaboramos.

En la cirugía oncológica, esta brújula ética es aún más vital. Cada decisión, cada acto quirúrgico, implica una enorme responsabilidad. Nos enfrentamos a una enfermedad compleja, y el pronóstico de una persona puede depender del momento exacto en que se diagnostica el cáncer y del tratamiento que se elige. Es un camino delicado, y la ética es lo que nos guía.


Cáncer: Más allá de una palabra, una conversación vital

Para quienes trabajamos con el cáncer, es una palabra que forma parte de nuestro día a día. Pero para quien la escucha por primera vez, o para sus seres queridos, es un impacto inmenso. Dar un diagnóstico de cáncer, explicar el pronóstico desde la primera sospecha, y luego confirmarlo con una biopsia, son momentos que requieren la máxima sensibilidad y claridad.

El paciente tiene derecho a saber. Siempre que una persona esté consciente y tenga la capacidad de entender, debemos ser transparentes. Esto significa explicarle su situación, su pronóstico y las opciones de tratamiento. Solo en el caso de niños pequeños, o si un adulto no puede comprender por su condición de salud, la comunicación se establecerá con sus padres o representantes legales, siempre buscando lo mejor para el paciente.

La confianza es el pilar de la relación entre el paciente y el cirujano oncológico. ¿Te imaginas poner tu cuerpo en manos de otra persona para que opere dentro de ti, mientras estás bajo anestesia y sin conciencia de lo que ocurre? Esa decisión requiere una comunicación abierta y honesta desde el principio.

La privacidad es sagrada: Información del paciente, solo para quien debe saber

La relación con el cirujano debe ser totalmente honesta, confidencial y privada. Solo el paciente decide quién más puede enterarse de su enfermedad. Sus familiares solo participarán de esta relación cuando él no esté consciente o disponible, por ejemplo, en una emergencia o ante complicaciones antes, durante o después de la cirugía. Cada detalle es crucial al tomar decisiones sobre el tratamiento.

Aquí entra un tema delicado: las redes sociales. Aunque son una herramienta útil para informarse y aprender, no son el canal adecuado para compartir información médica personal. No se debe transmitir información de un paciente, como resultados de estudios, informes o fotografías de tumores, por email, WhatsApp o Instagram a menos que el remitente esté perfectamente identificado y la situación lo amerite con estrictas medidas de seguridad. Incluso así, hay quienes intentan hacerse pasar por familiares, por eso, somos muy cautelosos.

Nunca debemos usar las redes para mostrar procedimientos quirúrgicos, resultados de cicatrices o fotos de tumores extirpados. Son situaciones sumamente delicadas que no deben exponerse públicamente. Ni siquiera con la autorización del paciente, pues a veces no miden las consecuencias de esa exposición. Las redes son valiosas para fines informativos y educativos generales, ¡pero la privacidad del paciente siempre es lo primero!


El consentimiento informado: Tu decisión, tu voz

Cuando se decide una operación como parte del tratamiento contra un tumor, el paciente debe ser informado en detalle. Esto incluye:

  • Qué operación se le realizará.

  • Posibles variaciones en la técnica quirúrgica.

  • Las posibilidades de curación.

  • Las posibles complicaciones del procedimiento.

  • Un pronóstico aproximado de cómo se espera que evolucione después de la operación.

Esto es lo que llamamos consentimiento informado. Es mucho más que una simple firma; es la garantía de que el paciente se siente conforme con las decisiones tomadas y atestigua que conoce el procedimiento y sus posibles consecuencias.

Es cierto que, a veces, la confianza en el médico es tan grande que el consentimiento se vuelve más "informal". O, en el caso de procedimientos muy sencillos, el paciente no pide tanta información detallada. Sin embargo, en todas las instituciones, tanto públicas como privadas, existe un espacio en la historia clínica donde el paciente firma que ha sido informado de su intervención. En otros países, el consentimiento informado detallado es obligatorio por ley.


Un orgullo, una responsabilidad

En resumen, la ética es la que regula el comportamiento del cirujano en su ambiente de trabajo, con todos los que se relaciona. Convierte el ejercicio de la medicina en una labor regida por el orgullo de ser médico, de ayudar al prójimo, de humildad, honestidad y legalidad. Es el compromiso diario con cada paciente, entendiendo que más allá de la cirugía, hay una vida, una familia y una historia que merecen el máximo respeto y el mejor cuidado.

 
 
 

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